El River de Gallardo ha logrado algunas cosas inéditas en la Argentina. Por ejemplo, cerrar la grieta entre los resultadistas y los líricos: desde ambos bandos lo consideran un producto de la casa. Y todos lo eligen como el mejor equipo de Sudamérica, aun con la rareza de que en este último tiempo no ha ganado nada. Fue segundo del Flamengo en la Libertadores y segundo de Boca en la Superliga. 

¿Cuáles son sus méritos? Muchos. Ha marcado una época, como lo hizo el Boca de Bianchi a principios de siglo, aunque con menos títulos importantes (por caso, ningún Mundial de Clubes, versión actual de la Intercontinental). El equipo de Gallardo juega realmente bien, sabe adaptarse a los momentos y necesidades, supo reinventarse a pesar de los constantes cambios en su plantel, le transfirió a Boca el trauma de perder contra el clásico rival, ha potenciado jóvenes y provee de materia prima a unas cuantas selecciones porque tiene a los mejores futbolistas en casi todos los puestos. 

Pese a todo, River tiene algunas manchas. Triunfos como el que logró contra Liga de Quito, en el que fue claramente favorecido por el arbitraje, alimentan los mitos urbanos sobre los favoritismos de la Conmebol, que lo ha ayudado unas cuantas veces en todos estos años, con o sin VAR, en la cancha o en los escritorios. El gol que abrió el partido contra los ecuatorianos fue offside, Montiel debió haber sido expulsado por dos amarillas (Tobar se guardó en el bolsillo la segunda) y hubo un penal de Casco por mano en el que el árbitro también miró para otro lado.

La otra mancha es una cuenta pendiente que difícilmente los hinchas vayan a reclamarle a Gallardo, habida cuenta de lo mucho y bueno que ganó: es una liga, un campeonato local. El técnico se niega a aceptarlo como una deuda, y en la conferencia previa al partido con Liga utilizó un argumento ridículo: dijo que en tal caso todos los técnicos están en falta, como si Patronato, Godoy Cruz o Aldosivi tuvieran las mismas posibilidades y obligaciones que River. Y luego se aferró a otro argumento, en este caso falso: dijo que las ligas locales fueron postergadas por los torneos internacionales. No fue lo que pasó en la última Superliga, cuando mandó un equipo suplente a Quito a ser goleado por la Liga mientras reservaba lo mejor para los últimos pasos del certamen local, que Boca le arrebató en la fecha final.

¿Deja River de ser un muy buen equipo por esto? De ningún modo. Ya fueron expuestos sus méritos. Pero no es perfecto, inmaculado. No existe tal cosa, aunque algunos se esmeren en contar otra historia.

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